EL PATERNALISMO


Yo Robot (2004) es una interesante película  de ciencia ficción dirigida por Alex Proyas y protagonizada por Will Smith. Narra la historia de una rebelión de Robots en Chicago del año 2035, donde estas criaturas artificiales conviven con los seres humanos. Los robots están programados de acuerdo a las leyes de la robótica tal como los popularizara Isaac Asimov en su libro Sueños de Robot:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Una supercomputadora llamada Viki es la que se encuentra detrás de la rebelión al deducir que la única manera de lograr que el ser humano no pueda hacerse daño, es quitándole el poder. Según Viki los seres humanos dejados a su arbitrio se autodestruirían, y dado que contravendría la primera de las leyes de la robótica, los robots deben actuar para evitar que éstos sufran daño.

La postura de los robots rebeldes políticamente se conoce como paternalismo. Extrapolar  lo común de las relaciones familiares, en donde un padre de familia, toma las decisiones por la bien de todos, ya que se considera que mientras las personas se encuentren en minoría de edad, estos no están en capacidad de distinguir entre lo que le conviene o no.

Por supuesto nadie duda que los padres deben velar por el comportamiento de sus hijos, y muchas de las decisiones las tomamos por ellos. Somos los padres los que decidimos que deben comer, que y a que hora deben jugar, cual es el colegio donde asistirán. Para que esto se cumpla, por lo general aplica los métodos de cambios conductuales derivados de la teoría conductista, donde comportamiento deseado se premia y el no deseado se castiga.

Por supuesto a cierta edad es del todo impropio que un padre obligue a sus hijos sobre lo que debe comer o a que hora debe acostarse. Incluso cuando estos son adolescentes, comienzan las dificultades porque con toda certeza la pareja que consigan no son del gusto de los padres y las horas que llegan a la casa no es la acordada, ni el volumen de la música es el que gusta a los padres.

La  noción de proteger a la gente de si misma que es propia del paternalismo parte por tanto de la consideración que la sociedad es inmadura y por tanto la necesidad de  alguien que dotado de madurez y conocimiento sobre que es lo que nos conviene, nos gobierne.

En ocasiones ciertos criterios paternalistas pueden ser éticamente apropiados cuando su  necesidad es evidente, por ejemplo  la obligatoriedad del uso del cinturón de seguridad.  Pero el paternalismo implica una relación de poder entre la autoridad y los ciudadanos que por lo general no es democrática, donde el gobernante esta en la creencia de sabes lo que al otro le conviene y que debe imponerse a pesar de él.

Esta argumentación tiene un problema, y es que no hay manera de determinar, que lo que el gobernante quiere, es lo que al ciudadano le conviene.

Las largas cadenas de radio y televisión donde a la gente de una manera se le obliga que en lugar de ver u oír su programación, “escuchen el mensaje del líder” para que sepan que es lo que le conviene y que es lo que le perjudica, es una forma perversa de paternalismo. En muchas ocasiones, estas cadenas ocurren a la hora de la novela, que son dañinas porque según el gobernante, envenena la mente de los espectadores. En otras ocasiones llega a ser ridícula, como la pretensión de prohibir la difusión de reggaetón  y vallenato como fuera propuesto por la Zona Educativa del Estado Zulia.

Finalmente la forma más perversa del paternalismo es aquella que pretende imponer a la sociedad un sistema de vida. Así como la inquisición torturaba y quemaba para la salvación de las otras almas, o Stalin, Hitler, Fidel o Mao trataron de imponer su cosmovisión a la sociedad con trabajo obligatorio que es para beneficios de todos, sin preguntarles nunca si eso era lo que deseaban.

La imposición del modelo socialista del siglo XXI (versión neoautoritaria del viejo comunismo marxista) forma parte de un elaborado modelo paternalista autoritario, con elementos populistas, , lleva al “padre de familia” a otorgar dádivas que minimice la perdida del poder por vía electoral, pero preparándose siempre para cuando en cualquier eventualidad, la gente desee votar por aquello que “no le conviene”.