LA DIGNIDAD COMO DADIVA

El hombre como hijo de Dios según los cristianos o como criatura superior del universo de acuerdo a quienes no lo son, son seres intrínsecamente dignos, es decir valiosos por si mismo. La consecuencia de esta concepción del hombre es la igualdad básicamente en el plano jurídico y limites a la actuación de los representantes del Estado en el trato a los ciudadanos. Pero el hecho va más allá. Hace algunas semanas al comentar la manifestación de los indignados, (entendiendo como indignado aquel que se rebela contra un estado de no valoración a la persona) estos proclamaban en que consistía el tratamiento digno, es decir aquellas cosas que le corresponderían por derecho natural dada la dignidad.

Entre otras cosas pedían que cada persona tuviera derechos a una serie de beneficios sociales que le correspondían sencillamente por ser ciudadano de un país determinado. Cualquiera que razonara un poco el asunto, pudiera dar cuenta que esta dignidad tiene su correlato en el Estado de Bienestar y cabe la pregunta, Qué pasa con la dignidad cuando el dinero de una nación no alcanza para ofrecer estas dignidades? El proveer a una masa de persona de seguridad social, educación, servicios de salud y otros beneficios, requiere de dinero que en principios el Estado no posee, sino sus ciudadanos, que le son pechados a través de la vía impositiva.

¿A cuenta de qué unas personas deben destinar parte de sus ganancias para financiar el bienestar de otros? Si un ciudadano cualquiera puede acceder a cierto nivel de bienestar a partir de sus ingresos, porque otros ciudadanos no pueden obtenerlo. A través de ciertos criterios puede considerarse que la educación y la salud, al generar capacidades son el medio a través del cual la gente puede acceder a un mayor porción de la riqueza social, pero no ocurre así con otros beneficios tales como vivienda o muebles.

Malula, el personaje que popularizará Radio Rochela lo decía muy claro, amaba el cerro, pero con que gusto se mudaría p´al Caracas Country Club, puesto que la dignidad de verdad debería tener su concreción en la posesión de bienes materiales, que hicieran más llevadera la vida.

En el caso de Venezuela, la presencia de la renta petrolera, permite que la dignidad se negocie en el mercado electoral, donde el mecanismo funciona más o menos así: votas por mí y te harás acreedor a un ticket de una rifa para una casa con muebles y electrodomésticos, es decir una casa “digna”. Nos olvidamos que en el fondo, una vida digna no es una dádiva, sino la consecuencia de la acción del hombre en su paso por la tierra.

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